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América latina: ¡Un nuevo siglo de oro!

LITERATURA, CINE, BELLAS ARTES: EL SIGLO XX MARCÓ LA LLEGADA DE ARTISTAS LATINOS QUE HAN REVOLUCIONADO LA CULTURA UNIVERSAL

 

Carlos Gardel, Frida Kahlo, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Garcia Márquez, Fernando Botero, Celia Cruz, Diego Maradona, Shakira o Mafalda: en cualquier lugar del mundo, en la disciplina más popular como en la más prestigiosa, se han ilustrado grandísimos artistas y personajes latinoamericanos que han terminado siendo iconos de la cultura universal.  Pero precisamente,  ¿Tienen algo en común un Argentino, un Colombiano, un Guatemalteco, un Mexicano o un Cubano? ¿Existe una identidad y una cultura común latinoamericana?

 

¡Y cómo! Misma historia de un encuentro imprevisto, misma colonización, mismo mestizaje de razas y de culturas.  Mismas dificultades económicas y políticas, mismas inmigraciones y emigraciones.  Y un mismo complejo de inferioridad frente al poderoso vecino anglo-sajón, de quién Latinoamérica ha sido y sigue siendo tan dependiente histórica como económicamente.

 

Y, además, una doble latinidad fundamental: un mismo idioma de origen latino, ahora el segundo más hablado después del Mandarín y antes del Inglés, y el mismo catolicismo romano mayoritario. 

 

EL NACIMIENTO CULTURAL DE LATINOAMÉRICA

 

El siglo XX vio el fin de los grandes poderes coloniales europeos. España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, sus últimas posesiones, en 1898, ¡hace poco más de un siglo! Las revoluciones de México, Rusia, China y Cuba y las dos guerras mundiales anunciaron grandes cambios geopolíticos, el ocaso de la supremacía europea en el mundo, y el dominio político y económico de Estados Unidos. Los avances tecnológicos como la aviación, la fotografía, la reproducción sonora, el cine, la radio, la televisión y las telecomunicaciones aceleraron los intercambios y pusieron al alcance universal culturas y lugares hasta ahora lejanos, aislados e inaccesibles.

 

Al mismo tiempo, por razones históricas, políticas y económicas, ocurrió una enorme emigración latinoamericana hacia Canadá, Estados Unidos y Europa.  Gente de todo tipo y nivel: campesinos, obreros, profesionales, científicos, artistas e intelectuales que se adaptaron a nuevas realidades sin perder sus raíces.  Al contrario,  aportando a sus nuevas circunstancias, y al mundo, toda la originalidad y la riqueza de su cultura. 

 

Y, como le ocurre a un italiano o a un alemán que, fuera de Europa, se sienten profundamente europeos, ha nacido poco a poco un nuevo sentimiento de pertenencia a esta amplia comunidad que en Estados Unidos y Canadá llaman Hispanics, en España latinoamericanos y en Francia Latinos.

 

UN NUEVO SIGLO DE ORO

 

Hasta el siglo XX, y a pesar de la independencia política de cada país, la mayoría de los creadores latinoamericanos no habían encontrado un camino totalmente libre de la influencia europea: las relaciones con España, por obvias razones lingüísticas, culturales y económicas, siguieron siendo muy fuertes.  Por otra parte, los filósofos, poetas y artistas franceses, como las grandes culturas europeas (Italia, Alemaña, Gran Bretaña), inspiraron a muchos intelectuales y artistas latinoamericanos.

 

El siglo XX creó las condiciones perfectas para que naciera y se difundiera a gran escala la cultura latinoamericana y sus grandes artistas.  En este nuevo mundo, los intelectuales, los escritores, los músicos, los pintores empezaron a expresar toda la idiosincrasia de su cultura, a buscar inspiración en su realidad, a interpretar, reproducir y recrear esta realidad con su propio vocabulario, sus propias imágenes, sus propios sonidos y sus colores originales.

 

¿Pero por qué tanto éxito?

 

AMÉRICA, UN SUEÑO EUROPEO

 

Siglos antes de 1492 se hablaba ya de tierras fabulosas más allá del mar.  La misteriosa Atlantida fue quizás la primera América soñada.  El mito de El Dorado, fue un estimulante para los Conquistadores, y, para los filósofos, los escritores, los músicos, los pintores, fue la continuación del sueño, el afán absoluto de un más allá mejor que Europa, sin guerras ni enfermedades, puro, hermoso, noble.  Este deseo europeo del Otro, de los grandes espacios, de lo exótico, de lo mágico se concretó particularmente en América Latina, con sus civilizaciones misteriosas, sus pirámides que recordaban las de Egipto, su vegetación, sus indígenas desnudos en un nuevo Edén.

 

¡El poder y la riqueza de la España del Siglo de Oro confirmaron las leyendas!  Los relatos españoles impresionaron profundamente el imaginario europeo,  fueron compuestas óperas sobre Moctezuma y Cortés. El choque de civilizaciones fue equiparado por los artistas europeos con los grandes acontecimientos de la mitología greco-romana y del mundo antiguo.  Ya a partir del siglo XVI, los más grandes compositores europeos Claudio Monteverdi, François Couperin, Georg Friedrich Haendel y Johann Sebastian Bach compusieron sus respectivas y magníficas Chaconnes utilizando la chacona, uno de los primeros ritmos latinoamericanos importados en Europa por los españoles, probablemente del Perú.

 

Novedades como la papa (la patata), el maiz y los nuevos tejidos invadieron toda Europa.  En España ya se pudo saborear el chocolate en 1528 y en Italia en 1606.  Esta deliciosa bebida, que tenía fama de excitante y de afrodisíaca, guardó su nombre, casi idéntico, en todos los idiomas europeos (xocoatl, en náhuatl, el idioma de los Aztecas).  El tomate (tomatl, en náhuatl) fue nombrado pomodoro (manzana de oro) en Italia en 1544.  En Francia se habló tanto del oro del Perú que todavía se dice c'est pas le Pérou (no es el Perú) para decir que hay poco dinero.

 

PARÍS, CAPITAL LATINOAMERICANA

 

"Tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos", dice el refrán para explicar las dificultades políticas, económicas y sociales de México.  Se puede aplicar a toda Latinoamérica.  Quizás por eso Francia – también de cultura mayoritariamente católica y de idioma de origen latino – ha sido y sigue siendo la alternativa latina a Estados Unidos y París, su capital, uno de los lugares claves en el reconocimiento y en la difusión de la cultura latinoamericana en el mundo y la capital cultural latinoamericana por excelencia. 

 

Por ser el país de la Revolución y de la Declaración de los Derechos Humanos, Francia ha sido un modelo histórico universal.  Las revoluciones del Siglo XX tienen su origen en la Revolución francesa.  París fue la capital científica y cultural del mundo hasta la Segunda Guerra Mundial. Los filósofos, los intelectuales, los escritores, los artistas franceses, por su curiosidad, su libertad y su modernidad de pensamiento, tuvieron una enorme influencia en Latinoamérica. 

 

La bandera de Brasil todavía lleva el lema "Ordem e Progresso" del filósofo Auguste Comte, cuyo Positivismo (ciencia y tecnología como solución para la humanidad), inspiró tanto a los nuevos países de América Latina.

 

UNA LARGA HISTORIA DE AMOR

 

La admiración fue mútua desde el principio: en el siglo XVIII el compositor Jean-Philippe Rameau puso muchas plumas y fantasías sobre América Latina en su ópera-ballet Les Indes Galantes.  El filósofo Jean-Jacques Rousseau, en su Contrato Social, se inspiró de los relatos sobre los indígenas para su visión del hombre fundamentalmente bueno pero corrupto por la sociedad.  Voltaire, fiel a sí mismo, intervino para condenar la esclavitud y el maltrato de los negros y de los indígenas en las colonias.  A Maximiliano de Habsburgo y a su esposa Charlotte – nombrados emperadores de México por Napoleón III – les debemos la creación, en el siglo XIX, de los mariachis mexicanos, estas bandas que contrataban para las bodas (mariage en francés, lo que dio su nombre a la orquesta, por mala pronunciación).  Georges Bizet, hizo cantar a su bella gitana Carmen "L'amour est un oiseau rebelle", uno de los más grandes éxitos musicales de todos los tiempos, adaptando una melodía del español Sebastián Iradier inspirada en las populares danzas habaneras que había escuchado durante una estancia en Cuba.  Otras habaneras fueron compuestas por los más grandes compositores franceses como  Camille Saint-Saëns, Gabriel Fauré, Maurice Ravel y Claude Debussy.

 

Hasta los años 1930, en Buenos Aires y Montevideo, las prostitutas francesas animaban prostíbulos muy concurridos y tenían fama de divertidas, pícaras y atrevidas por venir – ¡como las cigüeñas, pero por otras razones! – de París.  En estos mismos lugares de alterne, Carlos Gardel, argentino de origen francés, convirtió el tango en símbolo músical absoluto de Argentina en el mundo entero. El tango fue adoptado definitivamente por París.  La cubana Rita Montaner encantó las noches parisienses con las canciones Siboney y El Manisero, que quedaron como clásicos mundiales del siglo XX.  Alejo Carpentier, cubano de origen francés, empezó su carrera de escritor con artículos en revistas cubanas sobre los éxitos parisienses de la famosa cantante. El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias,  el escritor y poeta mexicano Octavio Paz (ambos futuros Premios Nobel de Literatura) y el pintor cubano Wilfredo Lam, frecuentaron con pasión los círculos surrealistas de París. A partir de los años 50, los intelectuales franceses de izquierda, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir en particular, apoyaron la revolución cubana y la elección de Salvador Allende en Chile, y luego se solidarizaron contra las dictaduras en Chile y en Argentina.  Muchísimos artistas e intelectuales argentinos se refugiaron en París, entre otros los musicos del Cuarteto Cedrón, los directores de escenario argentinos Jorge Lavelli y Alfredo Arias, ahora instituciones del teatro francés, y Copi (Raúl Damonte), caricaturista para la famosa revista Le Nouvel Observateur, creador, entre otros, del personaje la Mujer Sentada con sus comentarios absurdos y sarcásticos sobre el mundo.  En 1981, el presidente francés François Mitterrand, por admiración a su obra,  le concedió al escritor argentino Julio Cortázar la nacionalidad francesa.

 

Sin olvidar los grandes escritores, artistas y creadores franceses que de un modo u otro están vinculados con Latinoamérica.  Los "Uruguayos de París", grandes poetas franceses nacidos en Montevideo en el siglo XIX :  Lautréamont, precursor del Surrealismo con sus Chants de Maldoror, Jules Laforgue,  creador del verso libre en la poesía francesa,  y Jules Supervielle cuyos poemas y cuya novela, L'Homme de la pampa, están llenos de nostalgia por su tierra natal. Y los "Cubanos de París":  el poeta José María de Heredia, cuyos sonetos hacen parte de la cultura clásica francesa, y el pintor Francis Picabia, de padre cubano, dadaista de la primera hora y pintor de vanguardia toda su vida.  ¿Y quién recuerda que el pintor francés Paul Gaughin vivió hasta sus 10 años en Perú, lo que probablemente fue de gran importancia en su afán de exotismo? ¿Y que las mejores películas del gran director francés François Truffaut alcanzaron una fama mundial también por la exquisita fotografía del genial cubano Néstor Almendros?

 

¡LA CULTURA ES LA IDENTIDAD!

 

Si no fuera por Francia, que se rechaza a considerar la cultura como producto comercial y exige la famosa "excepción cultural" en todos los tratados comerciales internacionales, si no fuera por sus editores, siempre interesados en descubrir escritores de otras culturas y que han sabido reconocer y publicar muchos de los escritores latinoamericanos pasados y actuales – la cubana Zoé Valdés, el colombiano Fernando Vallejo empezaron su carrera primero traducidos al francés y publicados en Francia –, si no fuera por su curiosidad para todas las músicas del mundo y todos los grandes compositores, si no fuera porque París sigue siendo la capital mundial de la fotografía, que ha sabido valorar en sus museos, si no fuera por la muy influyente Cinemathèque Française que recogió, estudió, editó, presentó y conservó cantidades de películas latinoamericanas y del mundo entero, si no fuera por el famoso Festival Internacional de Cine de Cannes, siempre atrevido en su programación y que ha permitido a directores, actores y películas de otras cinematografías de alcanzar una fama mundial ¿qué sería del patrimonio cultural latinoamericano y el de muchos otros?

 

Es que el actual desequilibrio es tremendo: Estados Unidos, primer productor cultural mundial, queda profundamente ensimismado en su territorio, en su cultura y en su idioma y es completamente ajeno a otras culturas.  No existe ni un interés público, ni una política cultural oficial abierta a otras influencias. La cultura es considerada ante todo un mercado comercial y no hay espacio para "productos culturales" extranjeros.  ¿Acaso ha existido una vez una película no americana doblada en inglés y distribuida en el circuito comercial americano?  Además, por su enorme poder económico, su dominio de los medios de comunicaciones mundiales y sus métodos de marketing, Estados Unidos impone al mundo entero su cultura y sus valores. Sus escritores, sus pintores, sus músicos, sus películas, sus actores, sus periódicos, sus canales y sus programas de televisión ocupan tanto espacio que las otras culturas no tienen ninguna visibilidad y les resulta muy difícil expresarse. 

 

Y el desequilibrio se encuentra también en Estados Unidos mismo: ¿dónde se pueden expresar estos 40 millones de ciudadanos americanos hispano-parlantes que constituyen ahora la primera minoría del país?  ¿Quién se dirige específicamente a ellos, a parte los políticos que necesitan el voto latino?  ¿Y qué pasa con los millones de otros latinoamericanos viviendo legalmente e ilegalmente en su territorio, en Canadá y en Europa y que tratan de conocer, de entender y de mantener su propria herencia y su propria cultura? Este nuevo factor no ha sido todavía completamente asimilado y entendido ni por los países con fuerte inmigración latina ni por los latinoamericanos mismos que no se han enterado aún de su poder económico, político, sociológico y de su enorme importancia cultural.

 

Tampoco existe todavía una verdadera evaluación del patrimonio cultural latinoamericano, una reflexión objetiva sobre el valor de su cultura y su aporte a la cultura mundial.  Quizás por un cierto complejo de inferioridad, quizás por falta de cohesión por parte de los creadores, individualistas por definición.  Quizás también por las políticas culturales de los mismos países latinoamericanos que, con presupuestos inadecuados y por ignorancia, negligencia y conformismo no apoyan una política activa de valoración del capital cultural latinoamericano.  ¿Cuántas películas perdidas por falta de una política de conservación del patrimonio cinematográfico? ¿Cuántas partituras de grandes compositores desaparecidas o imposibles de encontrar porque no existe un interés suficiente para recogerlas, estudiarlas, editarlas y ponerlas a disposición de los musicólogos, de los músicos y del público?

 

©Sergio Belluz, 2015. (Revista Mapalé, número 1, Toronto: Editoral Mapalé, julio de 2004)

 

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Ilustraciones

 

Frida Kahlo

Jorge Luís Borges

Carlos Gardel

Pablo Neruda

Rita Muntaner



15/05/2015
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