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Victoria Ocampo, la emperatriz de la Pampa.

'La emperatriz de la pampa'. Asi la llamaba con humor André Malraux, escritor y futuro ministro de Cultura del Général de Gaulle.  Otro escritor francés, René Etiemble, dijo de ella, en forma de piropo:  “Esta hermosa mujer es un gran hombre”.  Es siempre en la Rive Droite, cerca del Arco de Triunfo (¡todo un símbolo!) que se quedaba regularmente Victoria Ocampo,  en sus múltiples estancias en París desde su infancia (¡el viaje en barco duraba entonces 16 días!):  en el Hotel Majestic de la avenida Kléber, en la Avenida Malakoff, al lado de la avenida Foch, una de las más caras de París, avenida du Friedland o en la rue d’Artois.  Su única “traición” a este barrio, fue en 1941, cuando, durante una estancia en París, se enamoró locamente del escritor francés Pierre Drieu La Rochelle.  Se veían en un apartamento de l’Ile Saint-Louis que la Princesa Bibesco (la famosa amiga de Marcel Proust) le prestaba a Drieu La Rochelle, en el 45, quai de Bourbon.  Lástimosamente, Drieu La Rochelle era un ser torturado que acabó colaborando con los alemanes durante la guerra y suicidándose al final, en 1945, para no padecer las consecuencias.

 

Nacida en 1890 en una vieja familia aristocrática argentina, la riquísima Victoria Ocampo se crió con una institutriz inglesa, Miss Kate Ellis, y una institutriz francesa, Alexandrine Bonnemaison (“Mademoiselle”), y aprendió a hablar y a escribir primero en inglés y en francés, con una preferencia para el idioma de Molière.  Describió de manera muy divertida, en Racine et Mademoiselle (publicado en 1941 en Lettres Française, el suplemento francés de su revista SUR), sus relaciones con su exigente institutriz francesa:  “¿Ud no sabe? Tiene que saber”;  ”Pues me lo copiará 20 veces”; “Me conjugará el verbo contestar”;  “Se lo repito por última vez”;  “¿Y a eso lo llama saber?”;  “Ud es una perezosa”;  “Imposible no es francés”.

 

Victoria Ocampo hubiera podido disfrutar tranquilamente de su posición social, pero muy temprano quedó fascinada por la literatura y la música.  Por sus relaciones, conoció y recibió (en sus múltiples viajes a Europa y Estados Unidos, como en Villa Ocampo, su propiedad de San Isidro, cerca de Buenos Aires), a toda la inteligentsia mundial de su tiempo.  A Virginia Woolf, que encontró varias veces en Londres.  A Rabindranath Tagore, el gran poeta hindú, enamorado de ella, que le dedicó, en 1924, su poema Vijaya.  Al arquitecto Le Corbusier, de quien se inspiró para construir Villa Victoria (su mansión de Mar del Plata que escandalizó la buena sociedad).  A Ernest Ansermet, el director de orquesta y compositor suizo, quien fue un amigo personal desde sus años en Buenos Aires dirigiendo la orquesta del Colón.  Al compositor ruso Igor Strawinsky, del cual Victoria Ocampo, como recitante, creó en Buenos Aires en 1936 la ópera Perséphone, sobre un libreto de André Gide (libreto que fue luego traducido al español por Borges para la revista SUR el mismo año).  Victoria Ocampo volverá a presentar la obra en Florencia en 1939 en pleno período fachista, con Mussolini, que ella apodaba “Sr Megáfono”.

 

PRIMEROS ENSAYOS

 

El gran poeta nicaragüense Ruben Darío había ya tratado de lanzar varias revistas literarias con la idea de hacer conocer la literatura y la poesía latinoamericana en Europa:  ya en 1894 empieza a publicar con Ricardo Jaimes Freyre una revista llamada La Revista de América.  Más tarde, en 1911, dirigió en París la revista Mundial donde descubrió a nuevos talentos como Gabriela Mistral.  Trató de promover su revista en España, Portugal, Brasil, Uruguay y Argentina.  Sin mucho éxito, al parecer.

 

El poeta chileno Vicente Huidobro hizo parte de la vanguardia de París y Madrid.  En Santiago, había ya dirigido la revista Azul que presentó a los chilenos las novedades poéticas francesas.  En 1916, se instala en París, crea el movimiento “creacionista” con el poeta Paul Reverdy, y funda la revista Nord-Sud con las mismas ambiciones que las de Rubén Darío.  Pero quizás por sus exageraciones, la revista no duró mucho tiempo tampoco.  La poetisa y ensayista uruguaya Susana Soca, gran rival de Victoria Ocampo en París, trató también de lanzar su propia revista, La Licorne,  sin mucho más éxito.

 

Fue del encuentro con el filósofo americano Waldo Franck (muy de moda en los años 1930) y con el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset (que tuvo una enorme influencia en América Latina), ambos amigos personales de Victoria Ocampo, que nació el proyecto de la revista que iba a ser una de las revistas literarias más influyentes de todo el siglo XX.

 

LA REVISTA 'SUR'

 

Fue fundada en enero de 1931.  De trimestral hasta 1935, pasó a ser mensual hasta su final, en 1976:  ¡45 años de existencia y 340 números!.  Unos años después del lanzamiento de la revista, Victoria Ocampo creó la editorial Sudamericana, la cual, en 1941, editó la famosa Antología de la literatura fantástica de Jorge Luis Borges, Alfonso Bioy Casares y Silvina Ocampo, su esposa y hermana de Victoria Ocampo.  Para la pequeña historia, fue la misma editorial que más tarde, en 1967, y en manos del editor Francisco Porrúa, se atrevió a publicar por primera vez Cien años de soledad de un García Márquez todavía poco conocido.

 

La leyenda atribuye el nombre de la revista a Ortega y Gasset : Victoria Ocampo lo llamó en Madrid desde Buenos Aires, porque no encontraba un nombre, y el filósofo le gritó "SUR" en la antigua línea telefónica transatlántica de 1930.  ¡Se non è vero è ben trovato!  Asi empezó la larga aventura de una revista que no sólo contó desde el principio con colaboradores regulares como Borges, Bioy Casares, Eduardo Mallea (escritor y director del suplemento literario de La Nación de 1931 a 1958, luego embajador argentino en la UNESCO en París) y Baeza, el indispensable secretario de redacción, sino también con colaboraciones de Jung (SUR publicó Tipos Psicológicos, en 1936, la primera traducción al español del piscoanalista, que Victoria Ocampo había encontrado en Zurich), García Lorca, Alejo Carpentier, Albert Camus, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Graham Greene, Pablo Neruda, James Joyce, William Faulkner, Luigi Pirandello, Gabriela Mistral, Thomas Mann, Virginia Woolf, Ernesto Sabato, Juan Carlos Onetti, y muchos otros. 

 

Durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial, Victoria Ocampo ayudó al poeta Rafael Alberti (le prestó un apartamento en Buenos Aires), a la fotógrafa judía Gisèle Freund (que salvó de los nazistas en Francia, invitándola oficialmente en Argentina al principio de la guerra), y a muchos expatriados franceses que se encontraron por fuerza en Buenos Aires, entre otros el escritor y ensayista Roger Caillois, con quien tuvo una historia de amor.  Caillois se quedó toda la guerra en Argentina, trabajando para la revista SUR y para el suplemento Lettres Françaises (generosamente financiado por Victoria Ocampo) que publicó en francés textos de René Etiemble, André Gide y André Malraux y muchos estudios del mismo Roger Caillois, entre otros un ensayo sobre literatura policíaca.

 

LA HERENCIA DE VICTORIA OCAMPO

 

Victoria Ocampo grabó varios discos donde declamaba textos poéticos.  El último fue consagrado, en 1970, a 8 poetas argentinos.  Escribió varios ensayos, entre otros: 338171,  en 1942, sobre T.E Lawrence, cuyo personaje y cuya obra, Seven Pillars of Wisdom, admiraba mucho (Lawrence fue una especie de James Dean para la generación de esta época), Virginia Woolf en su diario (1954), Tagore en las barrancas de San Isidro (1964) y toda una serie de diarios y apuntes personales:  Autobiografías (de 1 a 6), Testimonios (1935, 1941, 1950, 1957, 1964, 1968 y 1971), y Diálogos (Diálogos con Borges y Diálogos con Mallea, ambos de 1969).  Y nos queda sobretodo una extraordinaria correspondencia con las grandes personalidades de su tiempo, entre otra la magnífica Correspondance (en francés) con Roger Caillois (Correspondance Victoria Ocampo Roger Caillois (1939 – 1978), Stock, Paris 1997), en la cual tanto su libertad de espíritu como su estilo y su humor se perciben a cada línea.  También existe una buena biografía de Victoria Ocampo, en francés:  Victoria Ocampo, por Laura Ayerza de Castilho y Odile Fergine, con un preámbulo de Ernesto Sabato (ed. Criterion, París, 1991).

 

Pero su mayor herencia, fue de haber transmitido a Roger Caillois su pasión por la literatura latinoamericana.  En 1945, apenas regresado de Argentina, Caillois se presenta al editor Gallimard para proponerle una colección de literatura latinoamericana que será la futura colección “Croix du Sud”.  Pide a Victoria Ocampo que le mande Aleph de Borges.  En 1946, prepara el especial literatura latinoamericana de la revista Confluences.  En 1951, nace la colección “Croix du Sud”.  En 1957, Caillois traduce y publica Ficciones de Borges, en la prestigiosa editorial Gallimard.  En 1963, Caillois escribe un gran ensayo sobre los temas fundadores de Borges en Les Cahiers de l’Herne (Borges dirá, en forma de broma:  “Yo fui inventado por Caillois”).  Y desde 1965, dentro de su colección « Croix du Sud » publica a Alejo Carpentier, a Vargas Llosa,  a Cortázar, a Fuentes y a muchos otros que, a partir de ahí, alcanzaron una fama mundial.

 

Victoria Ocampo murió en 1979.  Está bien olvidada, hoy en día y su nombre no significa nada para la mayor parte de la gente.  Regaló sus dos propiedades a la UNESCO para crear una futura fundación Ocampo.  La UNESCO vendió Villa Victoria, la mansión de Mar del Plata, a esta localidad, que la conserva como patrimonio histórico y cultural con la idea de crear un museo Ocampo.  La biblioteca, los discos y los cuadros de Villa Victoria fueron transferidos a Villa Ocampo (todavía propiedad de la UNESCO), en San Isidro, cerca de Buenos Aires, pero la casa está cerrada, abandonada y sin cuidado.  Triste homenaje a esta mujer que fue una de las más inteligentes y de las más influyentes del siglo XX para la literatura latinoamericana y para la cultura mundial.

 

©Sergio Belluz, 2015 (Revista Mapalé, Toronto: Editorial Mapalé, diciembre de 2004)

 

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20/05/2015
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